MARCHA
La marcha de un reloj designa su precisión cronométrica, es decir, la diferencia entre el tiempo real y el tiempo indicado, expresado en segundos por día (s/d) y no debe confundirse con la reserva de marcha, que mide la autonomía del movimiento.
Se distingue la marcha diaria — desviación medida durante veinticuatro horas — de la marcha instantánea, registrada en un momento dado.
Un cronómetro certificado debe mostrar, según la norma ISO 3159, una marcha media comprendida entre –4 y +6 s/d, controlada en cinco posiciones y a tres temperaturas (8, 23 y 38 °C) durante quince días. La marcha varía según la posición de la muñeca (esfera hacia arriba, corona a la izquierda o arriba, etc.), la temperatura ambiente y el estado de carga del barrilete, cuya disminución de par al final de la distensión del muelle tiende a ralentizar el movimiento.
En el taller, el relojero la mide mediante un cronocomparador, que capta acústicamente los latidos del escape para deducir la frecuencia real del volante. Las correcciones se realizan actuando sobre el sistema de la raqueta para modificar la longitud activa del espiral o modificando el momento de inercia del volante, con el fin de reducir las diferencias entre las posiciones y optimizar el isocronismo del volante.
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